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Drogas y despenalización

Marzo 20, 2007 · Sin Comentarios

Cuando tenía unos veintipocos años acudí a una jornada interdisciplinaria sobre drogodependencia en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Había allí abogados, jueces, psicólogos, asistentes sociales, etc. La conclusión a la que se llegó es que la mejor opción para intentar solucionar de alguna manera el problema de los drogodependientes era la despenalización de la drogadicción. Esa jornada me abrió mucho los ojos y me hizo ver que las prohibiciones nunca son la solución de nada.

No hace mucho Joan Saura (el Conseller de Interior de Cataluña) ha propuesto la despenalización de las drogas en Cataluña para solucionar el problema del narcotráfico. Lamentablemente ningún otro político lo ha apoyado y se ha quedado más solo que Bin Laden el día del amigo…
Seamos sinceros, la despenalización no es la solución definitiva. El consumo de tabaco no está penalizado, pero eso no significa que no existan crímenes relacionados con él, como el contrabando.

Posiblemente la despenalización, tanto de las drogas como asi también de la prostitución, sean de gran ayuda para afrontar estos problemas, pero deben hacerse con cuidado y dando un marco regulatorio a estas actividades.
Lo importante es que lo que se debe despenalizar son a los drogodependientes y al consumo de drogas, para no seguir criminalizando a personas cuyo único problema es estar enganchados al consumo de unas sustancias que les hacen mal. Las actividades relacionadas con el narcotráfico deben seguir penalizadas.
Es muy probable que muchos de los drogodependientes existentes a los diversos tipos de drogas ilegales lleven una vida relativamente normal, sin necesidad de cometer crímenes de ninguna naturaleza, salvo el mero consumo de estupefacientes.

Mucha gente, cuando se habla de este tema, se escandaliza. Y es una reacción normal: las políticas contra las drogan han vuelto al tema de la drogodependencia un tema tabú y que no gusta tratar a las personas. Es preferible prohibir, esconder las drogas y mirar hacia otro lado para no ver la realidad en la que estamos inmersos. Esa actitud se debe probablemente a que los EEUU han impulsado mundialmente una actitud y una política contra las drogas que las situan en la ilegalidad y la marginalidad. La realidad es que su prohibición no ha acabado con la drogodependencia (ni acabará jamás) y ha tenido el efecto contrario. Y este aumento se ha dado, de alguna manera, por la carencia de valores, la individualidad, el consumismo y la superficialidad que las políticas económicas ultra-liberales (impulsadas mundialmente por, quien sinó, los EEUU) han impuesto sobre las sociedades actuales.
Pensar que persiguiendo a los consumidores se terminará el problema es, cuando menos, ingenuo. El hombre tiene un historial de dependencias a todo tipo de sustancias y hábitos, y de momento no ha habido una prohibición que acabe con ello. Prohibiendo solo empeoramos la situación. El problema radica en las dependencias psicológicas, y el modelo de sociedad en que vivimos actualmente no ayuda mucho a llevar una vida plena, sana y libre.

Por lo tanto es un buen ejercicio de madurez enfrentar el problema y darnos cuenta que todos estos años de prohibición no han hecho nada más que volvernos indiferentes y agresivos con respecto al problema, que solo nos hemos limitado a ocultarlo y dejarlo debajo de la alfombra y que no hemos solucionado realmente nada. Y por otro lado solo se ha logrado hacer gastar a los gobiernos recursos en combatir criminales que no son tales y que deberían ser tratados con respeto y brindarseles la ayuda necesaria para que puedan superar su problema y encarrilar sus vidas.
A los traficantes y productores ilegales de drogas si se les debe seguir persiguiendo. Ellos son los verdaderos criminales, los que deben llenar las cárceles. Pero al chaval que se fuma un porro, al joven que se traga una pastilla, al hombre que se jala una raya de cocaína antes de ir a trabajar más que encarcelarlo hay que ayudarlo a dejar su adicción y reconducir su vida.
También merece consideración la gente que , por pobreza o ignorancia, hace de mula y termina pagando un precio demasiado alto por al imposibilidad (o directamente, la falta de voluntad) de los gobiernos de hacer justicia con los reales culpables del mercado de la droga. Hay que hacer entender a esta gente que el camino de la droga no es el correcto, pero tampoco hay que arruinarles la vida.

Así que a mi me gustaría ver más apoyo para gente como Joan Saura, que probablemente haya superado sus prejuicios, se haya armado de valor y haya decidido que la mejor manera de encarar un problema serio es enfrentarlo y no esconderlo.
Y para los que todavía sigáis escépticos os dejo un reto: que me demostréis con hechos un solo comportamiento humano que haya desaparecido por el solo hecho de prohibirlo.

Etiquetas: Opinión · Otros

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